
Mabel [Minna] Collins (1851-1927), nació en St. Peter Port, Guernsey, Inglaterra, y destacó en su tiempo debido a su carrera literaria, con más de 46 obras. La mayoría son de genero romántico, pero unas pocas son de carácter espiritual, especialmente las escritas en el periodo que perteneció a la Sociedad Teosófica, aunque alguna otra, como El Idilio del loto Blanco y Luz en el Sendero fueron un poco anteriores. Ella era una clarividente, ocultista y escritora, y gracias a sus dotes pudo escribir gran parte de su obra.
Aunque Mabel escribía desde pequeña, fue en la revista de mujeres de Amelia Lewis donde vio sus primeros escritos publicados, tratando temas como el papel de la mujer, la educación y las artes. Publicó su primera novela en 1875 utilizando el nombre de Mabel Collins y desde entonces ya no paró, eclipsando a su esposo, el Dr. Kenningale Robert Cook, escritor y poeta.
En aquellos tiempos dedicaban parte de su ocio a asistir a sesiones espiritistas, y los temas ocultos le acercaron a la Sociedad Teosófica, en boga en aquellos tiempos, de modo que se afilió a la Logia de Londres, presidida por Alfred Sinnett, en 1884.
Conoció fugazmente a Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la S.T. en un viaje a Londres que realizó ese mismo año, pero su relación aumentó en 1887, cuando Helena se asentó en la city, precisamente en una casa que Mabel le cedió para que viviera y desarrollara sus actividades teosóficas (Maycot, en Upper Norwood). Con ella fue co-fundadora y articulista de la revista Lucifer (de septiembre de 1887 a octubre de 1888). Ya había oído hablar de Blavatsky en 1881, cuando leyó Isis sin Velo, pero en ese momento colaboró en la corrección de La Doctrina Secreta con otros discípulos. Más tarde (1888) se creó la Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica, presidida por H.P.B., y en ella entró Mabel en calidad de probación (como poco después hizo William Yeats), pero a los cuatro días H.P.B. la expulsó por «traición y deslealtad». Al parecer, su búsqueda de experiencias ocultas la llevó al borde de la Magia Negra y el Tantrismo.
La principal obra por la que se le conoce en el mundo esotérico es Luz en el Sendero, pero no desmerecen en calidad y contenido espiritual Por las Puertas de Oro, Guirnaldas de Amor, El Idilio del Loto Blanco (que publicaremos en esta colección), Un Grito Lejano, Cuando el Sol Avanza hacia el Norte o la controvertida obra que ahora reseñamos: La Flor y el Fruto, publicada en otras versiones como Historia de una Maga Negra o La Verdadera Historia de un Mago.
El Idilio del Loto Blanco lo empezó a escribir (el prólogo y siete capítulo) en 1878, después de «ver» en su casa una procesión de sacerdotes, relacionados con el Obelisco de Cleopatra, que en ese momento se estaba trasladando por el Támesis. Lo hizo en el sistema que hoy llamamos «escritura automática». Lo terminó en 1885.
La escritura de Luz en el Sendero también estuvo envuelta de elementos misteriosos pues, al parecer, al despegarse de su cuerpo en una especie de viaje astral, vio un salón donde las paredes estaban cubiertas de joyas y palabras, las que memorizó y luego, al regresar a su cuerpo, plasmó en el papel. Cuenta ella misma:
La Sala de Sabiduría está situada en primer término al salir de las puertas del plano material, y quien quiera que esté dispuesto para entrar en ella, encontrará un guía para conducirlo. […] La puerta de la capilla ante la que ha sido conducido, se abrirá para él por mano del Maestro. Un gran diamante centelleante de luz, para los ojos que lo pueden ver y soportar, forma el botón que abre la puerta de la capilla en cuyas paredes están escritas las reglas de «Luz en el Sendero». Desde que el tiempo es tiempo, y en donde estarán escritas mientras el tiempo dure. […] El que a mí, que escribo estas páginas, me fuese dado el gran privilegio de ejecutar esta tarea, fue resultado del sufrimiento y resistencia de muchas amargas y duras pruebas en sucesivas encarnaciones. […] Me invadió la asombrosa emoción de júbilo de una conciencia superior. Uno estaba a mi lado en mi cuarto y me dijo: «Ven, ya eres capaz de leer». Yo dejé mi cuerpo reteniendo una clara conexión con él y registrando en mi cerebro físico todo aquello que hacía, a medida que lo iba efectuando. Únicamente por un gran acrecentamiento de conciencia pude efectuar tal tarea. El conocimiento de lo que se está haciendo debe ser pleno y completo en todos los planos del ser. El Maestro me tomó de la mano, y con pleno conocimiento de lo que me sucedía, me adherí a Él y salí de mi cuerpo físico, pasando del plano material al espacio etéreo. Entramos en la Sala del Saber, cruzamos el gran pavimento y llegamos a la puerta del botón de diamante resplandeciente, verdadero foco de luz. Comprendí entonces, que yo había estado muchas veces antes allí, y pasé a mi cerebro físico el mensaje de que estaba en un lugar conocido y familiar para mí, y que todo iba bien. […] El Maestro, teniéndome todavía de la mano, me llevó a través del pavimento de la capilla hasta la pared, y vi claramente las primeras reglas de «Luz en el Sendero» aparecer en lo más alto del muro. Mirando con cuidado las leí corrientemente; por debajo, las piedras preciosas fulguraban todavía en esplendorosos coloridos y puntos de luz. «Fija estas reglas en tu memoria», me dijo el Maestro, «llévalas contigo a la tierra y escríbelas. Los Maestros de la raza humana han decidido poner estas reglas en lenguaje humano, y tú has sido elegida para este trabajo. Vuelve otra vez, hasta que las hayas leído todas y las hayas escrito en palabras propias de la tierra». Volví a mi cuerpo físico, y tuve memoria plena de lo que había hecho, y de lo que había visto y leído. Yo había estado, por primera vez en el estado conocido por los ocultistas del Sur de la India por «jagrat de swapna», que es el estado de conciencia del clarividente despierto. […] En este estado leí y trasladé a mi memoria las primeras líneas de la antigua mística escritura conocida ahora por todos los estudiantes de ocultismo con el título de Luz en el Sendero. Las traje a la conciencia física y las anoté por escrito. Y obedeciendo la orden que se me dio, entré otra vez en el estado de clarividente despierta, volviendo varias veces a la capilla de luz, para traer conmigo las reglas una por una y escribirlas en lenguaje humano: hasta que las obtuve todas.
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